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Renovar un edificio antiguo empieza por distinguir qué merece conservarse. Los museos necesitan restaurar los elementos que han llegado hasta hoy y organizar sus exposiciones; los hoteles deben dar cabida al alojamiento y la restauración. Cuando cambian los usos, también cambia qué hacer con los muros, las escaleras y las habitaciones existentes.

En el vestíbulo de la escalera del Neues Museum de Berlín, los muros de ladrillo aún conservan fragmentos de revestimiento. Los tramos de escalera, de color claro, ascienden por ambos lados. En una misma sala se distinguen las huellas de las reparaciones y el perfil sencillo de la escalera.
El edificio del siglo XIX sufrió graves daños durante la Segunda Guerra Mundial y pasó décadas sin una reconstrucción integral, hasta su reapertura en 2009. David Chipperfield Architects, en colaboración con Julian Harrap Architects, no devolvió todos los espacios a su aspecto anterior a la guerra. La nueva escalera mantiene la forma de la original, pero prescinde de su elaborada decoración. Está construida con elementos prefabricados de hormigón elaborados con cemento blanco y fragmentos de mármol.
El vestíbulo recuperó su escala espacial original sin borrar las huellas de los daños. Hasta dónde restaurar y cómo completar lo que faltaba fueron decisiones centrales de la intervención.
Conservar algo más que muros envejecidos
Un peldaño de piedra desgastado o un muro reparado pueden dar cuenta del uso de un edificio. Sin embargo, la antigüedad no obliga a dejarlo todo intacto. También importan la calidad de ejecución de cada elemento, su estado de conservación y la función que cumple en el conjunto.
La restauración del Neues Museum partió de los restos conservados, sin renovar de manera uniforme superficies que presentaban daños distintos. Donde faltan los revestimientos queda el ladrillo a la vista; la decoración conservada sigue siendo reconocible y las nuevas intervenciones completan las partes ausentes.

Reducir esta intervención a «conservar el aspecto envejecido» deja de lado los criterios de la restauración. Un acabado envejecido artificialmente puede reproducir colores y texturas similares, pero esas marcas no explican cómo se construyó, utilizó y reparó el edificio.
Las ventanas, escaleras o decoraciones añadidas en épocas posteriores también pueden reflejar cambios de uso y tener valor propio. Retirarlas todas para recuperar la imagen de un periodo concreto puede borrar, a la vez, esa parte de la historia. El estudio previo permite conocer el origen y el estado de los elementos y fundamentar qué se conserva, se repara o se sustituye.
Nuevos elementos en los puntos de conexión
En Verona, Italia, Carlo Scarpa transformó un castillo medieval, modificado en numerosas ocasiones, en el Museo de Castelvecchio. Diferenció las partes de distintas épocas e introdujo entre ellas pasos, escaleras y pasarelas elevadas.

La estatua ecuestre de Cangrande se sitúa sobre un soporte elevado de hormigón. Las pasarelas y escaleras que la rodean permiten acercarse desde distintas alturas: primero se puede observar desde abajo y después aproximarse por el recorrido. Tanto la altura del soporte como la posición de las pasarelas guardan relación con la manera de contemplar la pieza.

La escalera del Neues Museum retoma una forma anterior, mientras que los elementos introducidos por Scarpa se disponen, en mayor medida, en función de las piezas expuestas y del recorrido de visita. En las fotografías destaca la diferencia entre materiales nuevos y antiguos, pero el proyecto también debe resolver el paso, los apoyos y las uniones: dónde desemboca una escalera, a qué nivel conecta una pasarela o cómo termina un pasamanos. Las dimensiones y los detalles de estos elementos también influyen en su uso.
Más allá del mobiliario: el uso cotidiano
Un hotel debe atender actividades cotidianas como alojarse, descansar y comer. Studio Biquadra participó en el diseño de la renovación del Parkhotel Mondschein, en Bolzano, Italia; el año del proyecto es 2022. Las habitaciones presentan un mobiliario relativamente sencillo y paredes de colores suaves, mientras que en el comedor destaca un techo decorado.

Al elegir muebles nuevos, su altura, volumen y posición también afectan a las proporciones del espacio existente. Comprobar si un cabecero tapa una ventana o un armario oculta una decoración mural es más concreto que preguntarse si un mueble parece «retro».

Las fotografías muestran el mobiliario, pero no bastan para evaluar si las instalaciones, el aislamiento acústico y el mantenimiento están bien resueltos. Añadir baños en un edificio antiguo exige encontrar recorridos adecuados para los desagües; dividir habitaciones requiere tener en cuenta las ventanas y la estructura; las instalaciones también necesitan espacio. Son cuestiones que conviene resolver al definir los usos y la distribución. Posponerlas hasta la fase decorativa puede obligar a modificar habitaciones ya previstas.
Los edificios existentes tampoco pueden acoger cualquier cantidad de funciones nuevas. Si estas no encuentran un lugar adecuado, quizá sea necesario ajustar la escala de uso y el propio programa.
La decoración retro no es la historia del edificio
Luke Edward Hall diseñó los interiores del Hotel Les Deux Gares, en el distrito X de París. A diferencia de las habitaciones de tonos suaves del Mondschein, aquí el salón reúne paneles verdes, papel pintado con motivos, un sofá azul y sillones de rayas. En los dormitorios, las paredes verde azuladas sirven de fondo a los cabeceros de rayas rojas y blancas.

Los colores, los estampados y los muebles responden a decisiones de este proyecto de interiorismo; no pueden considerarse, en su conjunto, decoración original del edificio.

Un mueble antiguo no tiene necesariamente una relación histórica con el edificio donde se encuentra ahora. Un papel pintado retro recién colocado toma sus motivos del pasado. Ambos pueden cambiar el ambiente de una habitación, pero no demuestran que antes tuviera ese aspecto.
Las decisiones decorativas de Les Deux Gares y la restauración de los restos dañados del Neues Museum son trabajos distintos. Para comprender el primero, podemos observar cómo se combinan muebles y colores; en el segundo, hay que preguntar qué materiales se conservaron y cómo se reparó lo que faltaba. La mezcla visual de elementos nuevos y antiguos, por sí sola, apenas permite saber en qué consistió realmente una intervención.
Seguir utilizando los espacios conservados
Las ventanas, escaleras y estructuras de un edificio antiguo ya condicionan parte de la iluminación natural, los recorridos y las posibilidades de reforma. Los nuevos usos deben encontrar acomodo en esas condiciones; no basta con partir de un estilo que nos guste.
Reparar un muro, incorporar una escalera o cambiar el mobiliario son intervenciones de distinto alcance. Para decidir qué conservar y qué modificar hay que considerar conjuntamente el valor del edificio, su estado y las necesidades de uso. Lo que se conserva necesita mantenimiento, y lo que se añade debe servir para el uso cotidiano.
Créditos de las imágenes
Neues Museum: arquitectura y restauración de David Chipperfield Architects, en colaboración con Julian Harrap Architects. Información del proyecto. Imagen 01: Archello; imagen 02: fotografía de Célia Uhalde, vía Divisare.
Museo de Castelvecchio: renovación y diseño expositivo de Carlo Scarpa. Información oficial del museo. Imagen 03: Nicola Marras; imagen 04: Architecture History.
Parkhotel Mondschein: renovación e interiorismo de Studio Biquadra. Información del estudio. Imagen 05: Web del hotel; imagen 06: The Aficionados.
Hotel Les Deux Gares: interiorismo de Luke Edward Hall. Web del hotel. Imágenes 07 y 08: fotografías de Benoît Linero, procedentes de Homes & Gardens y Galerie, respectivamente.
Edición: 01DES.




